Luciana McNeil caminaba por el pasillo del área pediátrica del hospital como si nada. Cada paso medido. Cada gesto perfectamente contenido. Pero dentro de ella… ardía.
No fue suficiente haberlos visto.
No era solo celos. Era frustración, se sentía traicionada. Era el puñal clavado en la espalda de una mujer que lo había dado todo. Familia, reputación, acceso, cuidados.
Ella había estado allí. Desde que la hermana a la que fingía llorar fue enterrada. Ella sostuvo a Thiago cuando se desplomó. El