—¿Estás segura de lo que estás diciendo? —preguntó Thiago con voz baja, casi mecánica, mientras miraba la carretera desde el asiento del conductor. El tráfico madrileño era un caos como de costumbre, pero su mente estaba en otro lugar.
Luciana se abrochó el cinturón lentamente. Su rostro era una máscara de preocupación genuina… demasiado perfecta.
—No quiero meterme, de verdad que no —empezó, con ese tono pausado que usaba cuando quería sonar maternal—. Pero desde que Valeria está a cargo de Cl