Mundo ficciónIniciar sesiónMáximo condujo el Bentley como si el mismo diablo lo persiguiera. La necesidad de proteger a Amanda y cerrar el capítulo de Leticia lo cegaba a cualquier precaución. Media hora después, derrapó frente al hangar. Un jet privado rugía en la pista, sus turbinas levantando una cortina de agua y viento. Sin esperar a Sebastián, Máximo bajó del auto y, en unas pocas zancadas cargadas de furia, subió por la escalinata de la aeronave.
—¡Leticia! —rugió al entrar, pero el eco de su propia voz fue






