capítulo 40

Entre la multitud que rebosaba de perfumes caros y risas ensayadas, unos ojos oscuros y hambrientos seguían cada movimiento de Amanda y Máximo. Eran ojos que no pertenecían a ese mundo de seda, sino a uno mucho más oscuro. Mientras ella caminaba, esa figura oculta entre las sombras de las columnas se relamía los labios con una mezcla de triunfo y lascivia, como un depredador que finalmente encuentra a la presa que se le escapó años atrás.

Máximo y Amanda compartían una copa de cristal fino, per
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