El corazón de Mari dio un vuelco, ella se levantó aliviada, con las lágrimas contenidas y de inmediato se lanzó sobre los brazos de él, quien la recibió con un fuerte abrazo.
— ¡David…! — Exhaló Mari, pegando su rostro contra el pecho de él.
— Mari… ¿Tú fuiste? — Preguntó David con voz tensa, casi temblorosa. — Fueron ustedes… ¿No es así?
— No importa quién fue… — Respondió Mari, levantando el rostro para verlo. —. Lo importante es que la verdad salió a la luz, David… Ya no hay secretos.
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