La luz del sol apenas se filtraban entre las cortinas, Mari dormía plácidamente sobre el pecho de David, cuando él se despertó.
Él la observó por largo rato, su respiración lenta y constante, sus largas pestañas cerradas, sus labios rosados ligeramente abiertos, seductores e incitantes, el corazón de David le latió con fuerza.
¡Era cierto! Finalmente, ella era suya.
Con mucho cuidado de no despertarla, David intentó levantarse en silencio, deslizándose lentamente, pero Mari se despertó.
— O