Dante
Creo que me volví loco. Pero escucharla hablar con miedo, con la voz temblorosa, y saber que ese hombre la está amenazando... me revuelve por dentro. Está sola. No tiene a nadie. Y esa pequeña, esa bebé tan frágil, me robó el corazón en el instante en que la cargué. Sentí una chispa en mi interior, una sensación tan extraña que a veces ni yo mismo puedo creerlo.
Ver a Antonella, rota por dentro, derrotada con el alma hecha pedazos, me recuerda exactamente a mí hace dos años. Lo que ella está viviendo ahora, yo ya lo viví. Tal vez por eso —sin entender bien por qué— he decidido protegerla. A ella y a su hija.
No sé qué me pasa con Antonella. No sé qué es esta sensación indescriptible que me aprieta el pecho cada vez que la miro. Pero lo único que tengo claro es que, mientras pueda, estará bajo mi protección.
Firmo los papeles necesarios para trasladar a la bebé a mi mansión. Antonella está en la sala de neonatología, junto a la pequeña. Yo me encargo de todos los pagos y contrato