Antonella
Jamás quise perder a una de mis bebés. Sentí cómo mi alma se desgarraba y se iba con ella. Ahora… ahora solo quedan cenizas dentro de esa pequeña caja blanca. Su cuerpecito, que apenas logré sentir por un instante, ya no está. Lloro con amargura mientras la están bajando lentamente a la tumba. Siento que el corazón se me parte en mil pedazos, como si se abriera con cada palada de tierra. Pero no puedo rendirme. No puedo caerme. Aún tengo una pequeña que logró sobrevivir. Una pequeña q