Lyra
Entré en la cabaña y el silencio me recibió como un abrazo necesario.
Mis músculos protestaban, un ardor sordo recorría mis extremidades pero por primera vez en semanas, mi alma se sentía ligera una sonrisa involuntaria tiró de mis labios mientras dejaba el equipo de entrenamiento a un lado.
Había golpeado a Kael, había golpeado a mi Alpha, a mi Mate, al hombre que sostenía mi mundo en un puño de hierro y lo aplastaba cada día.
Al principio, cuando el puño conectó con su mandíbula dura