El tiempo pasó, y finalmente, el día de la fiesta había llegado. Todo estaba listo para dar el primer golpe. Aunque en un principio Enzo no quería permitirme que los acompañara, terminó por convencerse de que eso era lo mejor, ya que nadie conocía la manada Luna Roja como yo.
Y cómo no hacerlo, si fue el lugar donde crecí, donde viví junto a mi padre, donde conocí el dolor y la traición. Ahora regresaría para comenzar a cavar la tumba de los desgraciados que tanto me lastimaron.
—¿Estás lista?