Valeria permaneció donde estaba mucho después de que terminara la llamada, con el silencio del pasillo oprimiéndola como un ser vivo. Sentía una opresión en el pecho, sus pensamientos eran fuertes e implacables. Por primera vez desde que regresó a la vida de Mateo, se sentía realmente acorralada. No manipulada. No desafiada. Acorralada. Elena, como se llamara de verdad, había jugado un juego más largo e inteligente de lo que Valeria jamás imaginó. Y Mateo… Mateo la había elegido con sus accione