La sala de juntas estaba extrañamente silenciosa esa mañana, ese silencio que a la vez transmitía historia, derrota y expectativa. La larga mesa pulida reflejaba rostros ansiosos: hombres y mujeres que habían visto desangrarse a la empresa durante meses, algunos rezando en silencio por un milagro, otros ya planeando su salida. Los papeles estaban ordenados, las tabletas encendidas, pero nadie hablaba. Todas las miradas se dirigían a las pesadas puertas de cristal, esperando.
"¿Sabemos siquiera