Mateo se despertó con un dolor sordo detrás de los ojos y una inquietud que no podía identificar. La habitación estaba en silencio, demasiado silenciosa, y por un momento creyó que seguía soñando. Entonces vio el papel doblado en la mesita de noche. Se le encogió el corazón antes siquiera de cogerlo.
Gracias por lo de anoche. Espero que te sientas mejor hoy. Valeria.
Eso fue todo.
Mateo se incorporó bruscamente. "¿Qué pasó anoche?", murmuró para sí mismo. Se llevó las palmas de las manos a la c