Mateo llevaba horas bebiendo. La primera copa debía tranquilizarlo, la segunda, atenuar el pánico, la quinta, borrar la imagen del último rostro público de Emilia en las noticias. Se movía por el bar como en una burbuja, con el mundo ligeramente apagado, y las decisiones eran mucho más difíciles de enfocar que el ardor del alcohol.
Valeria llevaba un rato esperando fuera del bar, observando la luz a través de las ventanas hasta que sintió un dolor en las costillas.
Se sentó en el taburete junto