Leonardo colgó y permaneció sentado un buen rato, con el vaso aún en la mano. No bebió. Pensaba, calculaba, repasaba cada palabra que Mateo había dicho. El miedo estaba presente. La desesperación también. Bien. Eso significaba que aún tenía el control.
"Mañana", murmuró Leonardo, "no tendrás nada con qué negociar".
Se levantó y caminó hacia la otra habitación. Emilia estaba sentada en el suelo, con la espalda contra la pared, las muñecas atadas y la mirada cansada pero aguda. Levantó la vista c