El día siguiente a la aceptación de Chloe fue un ejercicio de tortura silenciosa. El anillo en su dedo anular no se sentía como una joya, sino como un grillete; un peso muerto y frío que le recordaba constantemente el precio de su venganza y la brutalidad de sus propias palabras. Había destruido a Brendan para salvarlo, y ahora debía vivir con el fantasma de su dolor.
Esa noche, Thomas insistió en una pequeña cena en el salón principal. No era una fiesta, sino una exhibición de poder. Había inv