53. No soy fácil
Medea no sabía si estaba más sorprendida por haber podido ver con claridad durante unos segundos, o por el hecho de que su ahora esposo era ridículamente guapo. ¿De verdad ese era él? La boca se le secó de pronto y el corazón le bombeó con mucha más potencia.
—No puedo creer que hayas dicho algo así —murmuró Kaien, entre sorprendido y divertido—. ¿Acaso pudiste ver? Porque de lo contrario...
—Sí, te vi —admitió ella—. Fueron solo unos segundos, pero pude verte. Luego todo volvió a volverse bor