54. Un nuevo plan
Elian acariciaba la fotografía entre sus manos, esa que se había tomado con Medea cuando apenas se habían comprometido. Al verla sonreír con tanta luz en los ojos, el corazón se le encogía, no solo por la pérdida, sino también por el rencor que le dejaba el abandono.
—Nunca debiste dejarme, Medea —susurró con amargura.
Al escuchar pasos bajando por las escaleras, guardó la foto apresuradamente en su billetera, donde la llevaba desde el día en que ella se fue.
—No te molestes en esconderla —di