Pero ya no estaba ahí.
El corazón le golpeaba tan fuerte que por un momento creyó que iba a desmayarse. No tenía un plan.
No sabía a dónde ir. Solo una cosa estaba clara en su mente: Haría lo que fuera por seguir viva.
Pero esta vez… esta vez no sabía si lo lograría.
Paula no tuvo tiempo de pensar.
Apenas logró cruzar el balcón y pisar el alféizar del departamento vecino, sus pies tambaleaban por el vértigo y el corazón le retumbaba en el pecho como si fuera a explotar.
La puerta del balcón esta