—¡Esto no va a quedar así, Paula! —rugió Franco, con los ojos encendidos de furia mientras la tomaba con brusquedad del brazo.
Paula apenas pudo responder con una sonrisa burlona.
Su respiración se aceleraba, su garganta se cerraba con un nudo de rabia e impotencia, pero no dijo nada.
Franco tiró de ella con violencia, sacándola de aquel salón donde las miradas cargadas de veneno y los cuchicheos ahogados habían sido una daga para su orgullo.
Una vez fuera, Paula lanzó un suspiro profundo, inten