Capítulo: No me abandones.
Paula tenía la dirección anotada con la tinta corrida por las prisas.
Las maletas en el asiento del copiloto pesaban más por lo que contenían que por la tela: efectivo, envuelto en sobres, billetes que olían a transacción urgente y a miedo.
Cada paso de la noche la empujaba hacia adelante, pero su respiración se le encogía con cada kilómetro.
No era natural ir sin compañía cuando la oscuridad se cerraba así; sin embargo, había elegido fingir soledad.
Era una decisión pensada, fría. Norman sabía