—Quiero tres millones de dólares, ahora mismo —dijo Paula con voz firme, cada palabra cargada de determinación y rabia contenida, mientras sus manos temblaban ligeramente sobre la mesa.
Su corazón latía con fuerza, como si estuviera a punto de estallar, y sentía que cada segundo que pasaba podía cambiarlo todo.
El silencio que siguió fue insoportable; la tensión llenaba la habitación hasta el punto de asfixiarla. Cada respiración parecía más pesada que la anterior.
Él, con la calma de quien sabe