El silencio volvió a instalarse entre Sebastián y Martina apenas el mesero depositó los platos sobre la mesa.
—Buen provecho.
Ambos agradecieron al unísono.
Martina tomó los cubiertos y comenzó a cortar con delicadeza el salmón que había pedido. Esperó unos segundos antes de levantar la vista hacia su prometido.
Él permanecía inmóvil, observando el plato como si hubiera perdido el apetito de pronto.
—¿Qué sucede? —preguntó con una sonrisa ligera—. De pronto te quedaste muy callado.
Sebas