Mundo ficciónIniciar sesiónRodrigo Ivanov, un CEO poderoso y atractivo como un dios griego, se enamora de Katerina Svetlana, su amor es intenso, apasionado, sincero, pero todo cambia cuando a ella le tienden una trampa y le hacen creer al posesivo hombre que lo ha engañado. El hombre loco de celos y rabia la echa de la villa, no escucha explicaciones, ni súplicas, se vuelve un ser despiadado y cruel, alguien que no tiene compasión por el dolor que su pecho siente al sentirse burlado por la mujer que tanto ama, ella, Katerina, se marcha con el corazón destrozado, pero antes de irse dice, "Está bien, me iré, pero no me busques el día que te des cuenta de tu error, porque ya será demasiado tarde para volver a amarte"
Leer másAl día siguiente, los esposos Ivanov, compartían en la terraza. La conversación había comenzado con una taza de café sobre la mesa, pero para cuando Rodrigo terminó de contarle a Katherina las últimas novedades, ninguno de los dos estaba pensando en la bebida. — ¿Entonces es verdad…? — Murmuró Katherina, acariciándose distraídamente el vientre. — Angelic está embarazada de Yuri, y él acaba de tener un bebé con... Irina. Rodrigo asintió mientras se limpiaba los labios con una servilleta. — Yuri está decidido a hacerse cargo de su hijo. No hay duda de eso, pero dos bebés uno tras otro... Está peor que nosotros. — Eliester todavía es pequeño, y ya nuestra hija viene en camino. — Es diferente, nosotros somos un matrimonio, les vamos a ofrecer un hogar estable, su madre y su padre están juntos y se aman. Katherina permaneció unos segundos en silencio. Había algo en aquella noticia que le provocaba una sensación extraña. No por Angelic, al contrario, por ella se sentía feliz. Lo
La noche había caído sobre la mansión Romanov cuando Yuri decidió que ya no quería seguir postergando lo inevitable. Angelic estaba a su lado en el asiento trasero del automóvil, con una mano descansando sobre su vientre todavía pequeño. De vez en cuando, sus dedos acariciaban aquella zona con una ternura de forma inconsciente. Yuri la observó de reojo. — ¿Estás nerviosa? Angy dejó ver una pequeña sonrisa. — ¿Tú no lo estarías si fueras a hablar al padre del hombre que está a punto de pedirte que seas parte de su familia? Yuri arqueó una ceja. — Mi padre ya sabe quién eres. Él siempre te ha visto como una chica valiosa. — Eso no lo hace menos intimidante. El futuro Pakhan tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella. — No tienes nada que temer. Esta noche no voy a llevarte como una mujer cualquiera. Angelic lo miró. — ¿Que quieres decir? Yuri sostuvo su mirada unos segundos. — Como la mujer que elegí. El corazón de Angelic dio un vuelco. El a
La noche había comenzado con una tensión que poco a poco se transformó en algo mucho más cálido. Después de tantas revelaciones, Angelic todavía parecía estar procesando que, de pronto, no estaba sola. Katherina fue la primera en acercarse a ella, con una sonrisa dulce, tomó su mano y la llevó a sentarse junto a ella. —Ven conmigo, ahora que sabemos que las tres estamos embarazadas, tienes que contarme absolutamente todo — Dijo la muy hermosa señora Ivanov, a Angy. Mia se acomodó al otro lado. — Todo. Especialmente los antojos, porque nadie entiende a una mujer embarazada hasta que empieza a pedir cosas imposibles a las tres de la mañana. Angelic soltó una pequeña carcajada. — ¿Tan terrible es? Katherina levantó una ceja. — Yo una vez desperté a Rodrigo porque necesitaba pizza. Pero no cualquier pizza. — ¿Qué tenía de especial la pizza que querías? — Tenía que ser de un lugar específico, al otro lado de la ciudad, solo esa se me antojaba. Mia abrió los ojos.
Esa noche Yuri y el Pakhan, organizaron todo para que dos enfermeras cuidarán del pequeño Ivanko, también consiguieron una nodriza para que lo alimentara por lo menos cinco meses más con leche materna. — Yuri, ¿Crees que has tomado la mejor decisión? ¿Qué tal si un día Ivanko te reclama por haberlo separado de su madre? — Si lo hace, entonces no habrá valorado que solo quise darle una mejor vida de la que ella le iba a dar. (...) Al día siguiente por la noche, la nieve había caído sobre Moscú cuando las puertas de cristal del restaurante más exclusivo de la ciudad se abrieron para recibir a los invitados. El lugar parecía sacado de un sueño: lámparas de cristal suspendidas sobre las mesas, arreglos de rosas blancas, velas encendidas y enormes ventanales desde los que se veía la ciudad cubierta por un manto de nieve. Aquella noche, Liam Rodríguez y Mia habían reservado uno de los salones privados. La razón era sencilla. Iban a revelar el sexo de su bebé. Mia llevab





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