Mundo ficciónIniciar sesiónRodrigo Ivanov, un CEO poderoso y atractivo como un dios griego, se enamora de Katerina Svetlana, su amor es intenso, apasionado, sincero, pero todo cambia cuando a ella le tienden una trampa y le hacen creer al posesivo hombre que lo ha engañado. El hombre loco de celos y rabia la echa de la villa, no escucha explicaciones, ni súplicas, se vuelve un ser despiadado y cruel, alguien que no tiene compasión por el dolor que su pecho siente al sentirse burlado por la mujer que tanto ama, ella, Katerina, se marcha con el corazón destrozado, pero antes de irse dice, "Está bien, me iré, pero no me busques el día que te des cuenta de tu error, porque ya será demasiado tarde para volver a amarte"
Leer másLa noticia de que Alejandro y Eliester habían sido acusados injustamente de vandalizar un aula había provocado un terremoto dentro del colegio. Los verdaderos responsables eran conocidos por sus familias ricas, ellos habían conseguido manipular las pruebas para hacer parecer que los dos herederos Rodríguez e Ivanov, habían sido los culpables. Había sido gracias a la astucia, inteligencia y poder de los poderosos CEOS, Ivanov y Rodríguez, que pudieron demostrar que sus hijos eran inocentes y así hacer que la dirección castigara severamente a los verdaderos culpables. Sin embargo, lo que nadie esperaba era que los padres de aquellos muchachos decidieran llevar la venganza mucho más lejos. Aquella misma tarde, mientras Alejandro y Eliester, llegaban a la heladería acompañados por sus padres, un automóvil negro que los había estado siguiendo, permanecía estacionado al otro lado de la calle. Dentro, dos hombres observaban atentamente todos sus movimientos. — Sus padres creen
Después de todo lo ocurrido en el colegio, Rodrigo y Liam, decidieron que los muchachos necesitaban despejarse y borrar el mal sabor de boca. — Por esta noche, se acabaron las investigaciones. — Declaró Rodrigo mientras conducía. — Alejandro, sentado en el asiento trasero, sonrió. — ¿Entonces podemos olvidarnos del colegio unas horas? — Exactamente. Creemos que se merecen un descanso. Fueron muy valientes, hoy. Eliester levantó una ceja. — ¿Podemos elegir nosotros a dónde ir? Liam que iba en otro automóvil detrás de ellos, recibió la propuesta por teléfono. — Pueden, está bien. — Respondió Rodrigo. — Mientras no propongan un club para caballeros porque tú madre me asesina. — Ella está casada contigo, papá, no conmigo. — Miren a este muchacho. — Respondió Liam.— Definitivamente son hijos de sus madres. Minutos después, los dos vehículos se detuvieron frente a una pequeña heladería elegante que permanecía abierta hasta tarde. El lugar estaba prácticamente vacío
La acusación contra Alejandro y Eliester había caído sobre sus familias como una bomba. Los dos muchachos permanecían sentados en la enorme sala de estar de la residencia de sus padres, mientras sus padres escuchaban atentamente cada detalle de lo ocurrido en el colegio. Rodrigo Ivanov, permanecía de pie junto al ventanal, con los brazos cruzados y el rostro endurecido. Frente a él, Liam Rodríguez, revisaba lentamente el expediente que el colegio les había dado. — ¿Entonces? — Preguntó Rodrigo con una calma demasiado peligrosa. — ¿Alguien decidió acusar a nuestros hijos de vandalismo sin tener pruebas suficientes? — Según el director hay testimonios. — Respondió Alejandro. — Testimonios de nuestros rivales. — Aclaró Eliester. — Así es imposible defendernos. Liam levantó la mirada. — Eso cambia las cosas. Katherina y Mia permanecían cerca de sus hijos. Ambas conocían perfectamente aquella expresión en los rostros de los dos poderosos hombres. Rodrigo dejó el expe
El lunes por la mañana comenzó como cualquier otro día normal. La mansión que el CEO Ivanov, había comparado para su familia, estaba llena de movimiento. Los niños se preparaban para ir al colegio, mientras sus padres intentaban desayunar tranquilamente antes de enfrentarse a sus respectivas responsabilidades. Eliester, ya convertido en un adolescente, bajó las escaleras con la mochila colgada de un solo hombro. Era un jóven muy apuesto, tan parecido a su padre como era, nunca le faltaban niñas que le declaraban su amor, pero el heredero Ivanov, permanecía frío e indiferente a ellas. — Buenos días. Rodrigo levantó la mirada del periódico. — Esa mochila está mal puesta, jovencito. — Papá... Así me siento cómodo. — Además vas a llegar tarde al colegio. — Todavía faltan veinte minutos, si llego. Rodrigo miró el reloj. — Diecinueve minutos. Eliester puso los ojos en blanco. — Buenos días para ti también, papá. Katherina intervino. — Déjalo desayunar, quer
Último capítulo