Sebastián se inclinó para saludar a Martina con un beso en la mejilla antes de tomar asiento frente a ella. La ubicación de la mesa hizo que, inevitablemente, quedara de cara al salón y, unos metros más allá, a la exclusiva mesa donde Iván Belmonte almorzaba con su hija.
Desde allí podía ver perfectamente al empresario y la larga cabellera rojiza de Anastasia, que permanecía de espaldas a él, completamente ajena a su presencia. Martina, por su parte, también le daba la espalda a la mesa de lo