Anastasia palideció al instante.
—¿Cómo… cómo lo supiste? —preguntó con un hilo de voz.
Gisela soltó bruscamente su brazo y una sonrisa amarga apareció en sus labios.
—Vaya… Al menos no eres tan hipócrita como tu padre.
Anastasia tragó saliva.
—Te pregunté cómo lo supiste, mamá.
—La recepcionista de la clínica llamó hace unos minutos para confirmar los exámenes preoperatorios. Tuve la mala suerte de contestar el teléfono.
La joven cerró los ojos un instante. Ya no tenía sentido alguno se