Desde que Anastasia tuvo aquel terrible accidente, hace un año atrás, todo su mundo se derrumbó. De ser una chica extrovertida y sonriente, se convirtió en una joven amargada y fría. Ya no le interesaba salir de su habitación ni ver a nadie. Todas las mañanas luego de que Clara –su sirvienta de confianza– la ayudaba a asearse y arreglarse, Anastasia permanecía sentada en su silla de ruedas junto a la ventana sintiendo la tibieza del sol en su rostro y su regazo. Observando con obstinación como la vida de los demás transcurría frente a ella sin detenerse, sin esperarla.Dentro y fuera de la elegante mansión campestre, los empleados entraban y salían, autos cruzando la entrada principal, el sonido distante de las caballerizas, todo en movimiento, mientras ella…Anastasia tenía que permanecer en aquella habitación, postrada en su silla, presa entre cuatro paredes y en su pasado. Un pasado estancado en su memoria que ya no le pertenecía. Los pasos acercándose a su habitación, la s
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