Después de terminar de almorzar, Sebastián regresó a su oficina. Intentó concentrarse en los asuntos pendientes, pero su mente continuaba regresando al restaurante.
Fue inevitable revivir todo lo que había sucedido entre ellos. Momentos intensos y llenos de placer. Encuentros inesperados donde no sólo la piel sino también el alma se disponían para el amor.
Repentinamente el teléfono de su oficina sonó. Sebastián levantó el auricular, presionó el botón y tomó la llamada.
—Sí Natalie, dime.