Donato se encontraba en la villa recostado sobre su majestuosa cama, estaba agotado luego de aquella larga noche de negocios.
El teléfono sonó, Donato movió su cuerpo, tomó el teléfono en la mano y al darse cuenta que se trataba de su primo dio respuesta al instante.
—Diga —en su voz se podía notar el cansancio.
—Primo, tengo malas noticias.
Donato se sentó en el borde de la cama, sirvió un trago de licor y luego bebió, si había algo que le molestaba a Donato era que las cosas no salieran como él quería.
—¿Qué mierda sucede? —pregunto tornándose molesto.
—Señor, estoy aquí, en la mansión de los padres de tu esposa. —Su primo se tomó un momento para continuar—. Leticia nunca llegó anoche.
Lentamente Donato se levantó, en su rostro se podía notar lo molesto que se encontraba, lanzó el vaso contra la pared reventándose al instante.
—¡¿Qué?, pero qué mierda estás diciendo! —exclamó alzando el tono de su voz.
—Señor, solo informo la situación, ¿qué ordenas que haga?
—Quédate allí, si