Narrado por Myra
No sé cuántas horas llevo aquí.
El silencio me engaña. A veces creo que ya pasó un día completo. A veces siento que apenas han sido minutos. No hay ventana abierta, no hay ruido claro del exterior. Solo el castillo respirando, pesado, como si también me vigilara.
Sigo con el mismo vestido blanco. El mismo abrigo. La misma ropa de una cena que ya no existe.
Me siento en el borde de la cama, sin poder quitarme nada. Como si cambiarme fuera aceptar que ya no soy nada aquí. Ni Luna. Ni esposa. Ni siquiera invitada.
Solo prisionera.
Intento pensar en Evelyn.
¿La habrán lastimado?
¿Bardok estará vivo?
Me obligo a respirar lento, pero cada vez que cierro los ojos veo a Eryon mirándome como si yo fuera veneno.
Y aun así… sigo sintiendo su boca en mi cuello.
Eso es lo más humillante.
Un golpe suave en la puerta me saca del trance.
Luego una voz pequeña.
—¿Mi Luna…? ¿Estás ahí?
Finn.
Me levanto tan rápido que el vestido se me enreda en las piernas.
Me acerco a la puerta.
—Finn