Narrado por Eryon
El bosque no me devuelve nada.
Ni respuestas. Ni calma.
Solo me devuelve el eco de mis propios golpes.
Mis nudillos ya están abiertos, pero no me importa. Golpeo otro tronco hasta que la corteza se rompe y la savia mancha la madera como si fuera sangre. Necesito sentir algo que no sea esta rabia seca que me quema por dentro.
Fui un Alfa ciego.
Un Alfa estúpido.
Dejé que una humana durmiera en mi cama. Dejé que me mirara a los ojos y pronunciara “te amo” como si tuviera derecho. Dejé que mi lobo la aceptara. Dejé que mi cuerpo creyera que era mi Luna.
Y lo peor… lo peor es que yo también lo creí.
Me apoyo un segundo en el árbol, respirando fuerte, con el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido kilómetros.
Selara ha sido mi maldición desde el primer día.
Y ahora descubro que mi maldición era doble: la verdadera Selara por lo que es… y la otra por lo que fingió.
Matar el problema de raíz.
Eso es lo que haría un Alfa que no duda.
Eso es lo que voy a hacer.
Me do