Narrado por Eryon
El olor a sangre no se va.
La manada respira… pero no celebra.
Porque él sigue aquí.
Alaric.
De pie frente a mí, con esa sonrisa torcida, como si el caos fuera su alimento. Sus ojos todavía brillan con ese poder sucio que no debería existir.
Yo doy un paso.
Y todo lo demás se aleja.
No escucho a los heridos. No escucho a los ancianos. No escucho el murmullo de la manada.
Solo a él.
—Esto termina hoy —digo.
Alaric ladea la cabeza, como si lo entretuviera.
—¿Hoy? —se burla—. Ery