Narrado por Myra
—Ahora dime… Evelyn —repito, más lento, como si cada palabra pudiera sostenerla—. ¿Qué pasó?
Evelyn se traga el aire con dificultad. Sus labios están secos, y cuando intenta hablar, la voz le sale como si le doliera.
—Yo… yo no sabía… —susurra—. Pensé que era un sueño.
—Evelyn —la corto—. Concéntrate. ¿Quién te trajo?
Ella parpadea rápido, como si reviviera una escena.
—Una mujer… igual a ti.
La frase me atraviesa el pecho, pero no dejo que se note. Me quedo quieta, firme, como si mi cuerpo fuera una pared más.
—¿Selara? —pregunto sin decir su nombre en voz alta, como si nombrarla aquí pudiera invocarla.
Evelyn asiente con un movimiento pequeño. Y su rostro se retuerce de confusión.
—Yo… yo la vi en la casa, Myra. En nuestra casa. Llegó como si nada… con tu cara… con tu voz… y yo… yo pensé que eras tú.
Me muerdo la lengua por dentro. Claro. Eso hizo. Eso es lo que ella siempre hace: entrar en vidas ajenas como si fueran puertas sin llave.
—¿Qué te dijo? —pregunto, ap