CAPÍTULO 37

Narrado por Myra

El silencio en la mesa no es silencio.

Es una amenaza contenida, una cuerda tensada entre gargantas que no se atreven a soltar el aire. El sonido de los cubiertos apenas existe. El pan cruje como un pecado. Y yo… yo mastico sin sabor, con el cuerpo sentado al lado de Eryon, pero con el alma hundida en un calabozo frío.

Dormí con él.

“Dormí” es una palabra demasiado amable para lo que fue.

Su brazo me rodeó, sí… pero era un abrazo rígido, como si incluso en la oscuridad tuviera
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