Narrado por Myra
Brenna se va cuando la última flor cae dentro del agua.
La bañera humea como si el vapor tuviera memoria: lavanda, raíces dulces, hojas que la manada usa para “calmar al lobo”, como dicen ellos. El olor me envuelve y por un instante me engaña. Por un instante creo que puedo respirar sin pensar en barrotes, en piedra fría, en Evelyn encogida como un animal asustado.
—Gracias —le digo a Brenna mientras acomoda las toallas—. De verdad.
Ella me mira con esa devoción tranquila que