AMIRA

Mi hermano Kael..

A veces, se sentaba junto a un árbol, con las manos apoyadas en la corteza rugosa. No le hablaba, pero yo lo veía asentir, como si estuviera en la mitad de una conversación. Me decía que el árbol le contaba de las estaciones que había vivido, del susurro del viento entre sus hojas y del inmenso peso de la tierra en sus raíces.

Y los animales... los entendía sin necesidad de un solo ladrido o maullido. Kael podía decirme si un zorro estaba asustado, si una manada de lobos sentí
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