El primer recuerdo que tengo es el dolor. Un dolor tan profundo y helado que creí que mi cuerpo se había convertido en vidrio. Luego, el caos. El grito de la batalla, el crujido de la tierra bajo mis pies, el odio en los ojos de Dante. Y la flecha. No la vi venir. Solo sentí un golpe seco, y un frío que me quemó.
Caí al suelo. Mi vida se escapaba, y lo único que podía ver era el rostro de Amira. Su rostro desfigurado por el dolor, sus ojos llenos de lágrimas. Sus manos, desesperadas, brillaban