Mis pasos resuenan en el frío pasillo de piedra. Un eco que me acompaña, cada vez más fuerte, hasta el final de este camino. El olor a humedad y a metal viejo me recuerda dónde estoy, y a dónde voy.
Mi padre siempre fue un hombre de pocas palabras, pero sus lecciones eran martillos que grababan la verdad en la roca. "A los enemigos no se les da un respiro", me decía. "Si les das la mano, te tomarán el brazo. La piedad es debilidad, y la debilidad te matará".
A lo largo de mi vida, he visto la v