La tarima de madera se alza en el centro del territorio, un punto oscuro bajo el manto de la noche. El silencio es total, y mi corazón late con fuerza contra mis costillas. Mi mirada se clava en la figura sobre la tarima. Es Dante.
Incluso en esta situación, encadenado, esperando su final, sigue erguido. Su mentón, en alto, su mirada arrogante recorre a la multitud. Su postura no es la de un prisionero, sino la de un rey derrotado que aún se cree superior a todos. Es como si se burlara de la mu