Me mira con cuidado y me toma en sus brazos, dejándome sobre la cama. Suspiro al sentir el suave colchón debajo de mí. Él rompe el vestido de pijama para poder mirar la herida que tengo en la pierna. El aire se vuelve pesado, todo se tensiona, cuando él me toca la pierna. Mi piel se estremece bajo sus dedos, y una corriente eléctrica recorre mi cuerpo.
Al ver la herida, nuestros ojos se encuentran, y la intensidad de su mirada me hace sentir vulnerable, expuesta. La preocupación y el cuidado en