El mensaje llegó con el alba, traído por un jinete cubierto de nieve y sangre. Liria observaba desde la ventana de sus aposentos cuando el hombre cayó de su caballo en el patio central, inmediatamente rodeado por guardias. La conmoción fue inmediata: sirvientes corriendo, órdenes gritadas, y en menos de una hora, el castillo entero vibraba con una energía tensa y oscura.
Fue Myriam quien le trajo las noticias, entrando sin llamar, con el rostro pálido.
—Ha habido un ataque en la frontera este,