El diario temblaba entre las manos de Liria. Las páginas amarillentas parecían vibrar con secretos largamente silenciados, como si las palabras escritas en ellas cobraran vida propia bajo la luz vacilante de las velas. La habitación secreta tras el tapiz se había convertido en un santuario de verdades prohibidas, y ella, en su única guardiana.
Sus ojos recorrían una y otra vez las líneas escritas con una caligrafía elegante pero apresurada:
*"El matrimonio se celebró en el solsticio de invierno