El Gran Salón de Norvhar resplandecía como nunca antes. Cientos de velas suspendidas en arañas de cristal proyectaban una luz dorada sobre los muros de piedra, mientras los estandartes azul y plata ondeaban suavemente con las corrientes de aire. El invierno había llegado con toda su fuerza, pero dentro del castillo, el calor de los cuerpos y las enormes chimeneas encendidas creaban una atmósfera casi primaveral.
Liria permanecía inmóvil tras las puertas cerradas del salón contiguo. Sus doncella