KIARA DE SANTIS
Había algo en esa tarde particularmente aburrido. Noah había logrado escapar de mí después del almuerzo, y Silvano estaba encerrado con esa dulzura llamada Anny, como si no existiera nadie más en la casa.
—¡Noah es tan aburrido! —murmuré en voz baja, jugando con la aceituna que le había dejado en su plato en el almuerzo.
Estaba tirada en el sofá, cruzando las piernas mientras hojeaba una revista de moda que claramente no me interesaba.
—Ni que fuera tan importante.
Justo en ese