NOAH ALBERTI
Llevaba toda la semana soportando a Kiara.
Silvano y Anny se acababan de ir a París, felices, enamorados, y yo… atrapado.
Me despertaba y ahí estaba: con su risa escandalosa, su perfume dulce, sus insinuaciones. En cada rincón. En cada silencio. En cada respiro.
Esa noche… colmó mi paciencia.
—¿No vas a salir de tu cueva? —preguntó desde el marco de mi puerta con esa voz melosa que usaba cuando quería provocar—. Tengo vino… y este babydoll nuevo. ¿Sabes qué hace una mujer cuando se