Que ironía.
ESTEBAN
Tiré la mochila contra el sillón apenas cerré la puerta con todas mis fuerzas. El golpe resonó en toda la casa, pero me dio igual. Estaba harto, frustrado, con un nudo en el estómago, estaba furioso.
—¿Te comió la lengua el gato o vas a contarme qué MlERDA te pasa? —preguntó mi hermano mayor, desde la cocina mientras revolvía un café.
—Nada —murmuré, aunque mi cara lo decía todo.
—Ajá. Nada. Y por eso casi revientas la puerta. ¿Qué fue ahora? ¿Te rechazaron otra vez?
—No es eso —me dej