ASHER WILSON
El taxi se estacionó frente a la mansión de Lucien, bajé las maletas. Ayudé a mi Clarita quien bajó con una sonrisa en los labios, esa sonrisa que nunca dejaba de provocarme ternura. Se abrazó a sí misma por el fresco aire de la tarde y alzó la vista hacia la fachada.
—Es... inmensa —murmuró, con los ojos muy abiertos—. Y tan majestuosa. Parece sacada de una novela.
—Es más grande de lo que recordaba —dije mientras acercaba las maletas a la puerta para tocar el timbre.
Ella giró so