MARIE MORETTI
Había pasado tanta cosa en tan poco tiempo, que necesitaba respirar. Salí de la casa con paso decidido, sin mirar atrás, sin pensar en Josh ni en el temblor en mis piernas. El aire fresco del jardín me recibió como una caricia y, por primera vez desde que llegamos, me permití observar el lugar con calma. El jardín era enorme, un paraíso escondido entre rejas de hierro forjado y muros cubiertos de enredaderas. Me quité los zapatos y dejé que la hierba húmeda me acariciara los pies,