ADELINE DE FILIPPI
Estaba en mi habitación rodeada con mis libros hablando por video llamada con mis niñas Anny y Lucy, las tres reíamos mientras les contaba acerca del guapo profesor de italiano.
—¿Y luego qué hizo? —preguntó Lucy del otro lado de la videollamada, con una sonrisa traviesa la misma que tenía Anny, mis dos niñas traviesas.
—Chicas… lo quería colgar en la puerta de la mansión. Te juro que tenía la vena del cuello a punto de estallar —les conté mientras tomaba un sorbo de mi té y