BASTIEN DE FILIPPI
La llevé por el pasillo como quien lleva un tesoro recién recuperado, sin soltarle la mano ni un segundo. Kate caminaba ligera, pero yo la guiaba con una urgencia que no intenté disimular. Había pasado demasiado tiempo. Demasiadas noches mirando el teléfono, escuchando su voz a través de un maldito altavoz cuando lo único que quería era sentir su piel bajo mis manos.
Abrí la puerta de nuestra habitación y, en cuanto entró, la cerré con un golpe seco. El cerrojo giró casi solo